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Por Los Senderos de Margarita… Cuento de Caminos

La Cuaresma

Según los entendidos en los asuntos relacionados con la Religión Católica, la Cuaresma empieza con el «Miércoles de Ceniza» y termina con el «Domingo de Ramos» o de «Las Palmas», como también se le conoce. Son los 40 días, que después de los Carnavales o carnestolendas, estuvo Nuestro Señor Jesucristo en penitencias, orando y ayunando para vencer a la tentación del Diablo, o sea, el «Espíritu Malo».

Para muchas personas que no tienen el raciocinio ni la preparación suficiente, capaz de conocer a fondo la Doctrina Cristiana, la Cuaresma no es sino la época del viento y de los candentes soles. De allí que en cualquier momento del año que se presentaban fuertes ventoleras o soles caniculares, la gente decía que la cuaresma era muy grande o que estaba demasiado fuerte.

Durante la «Cuaresma Popular» se aprovechaba el tiempo especialmente para montar voladores, porque era la época más apropiada, debido que el sol se ocupaba de tostarlos y ponerlos livianitos, el viento ayudaba a elevarlos hasta lo más alto y la lluvia, -como no la había o sí la había era muy poca-, en nada les perjudicaba.

También se utilizaba la Cuaresma, para recoger los maíces y el guatapanare, rallar las yucas, tender los cazabes y cortar los tabacales, es decir, para hacer todo lo que se necesitaba que se secase bien seco. Se comentaba que durante la Cuaresma el Diablo andaba suelto por todas partes y por lo tanto hacía de las suyas o lo que le venía en ganas, y no había si siquiera quién se atreviera a molestarlo, ni a meterse con él, porque «El Diablo siempre era El Diablo» y todo el mundo le tenía pavor a sus andanzas por temor a ir a parar a las quintas pailas del infierno. No había quien no se preocupará por la entrada de la Cuaresma y le temían «Como El Diablo a la Cruz».

Los conuqueros casi no iban a los conucos para no ver como el «Mandinga» secaba las planticas, las arrancaba de cuajo y se las llevaba por los elementos, y los navegantes y pescadores casi no se aventuraban a deslizarse sobre las aguas de la mar, por temor a los vientos cuaresmales que les podían hacer perder las embarcaciones con gente y todo. De todos modos, la Cuaresma existe, unos la toman de una manera y otros de otra, pero siempre como «Cuaresma» ya sea de penitencias y oraciones o de sol y de viento.

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