La playa El Crespúsculo en mis recuerdos

El periodista andaba por Juangriego, y se dirigió a la calle La Marina, esa misma que pasa cerca de la costa y que en otrora fue de un comercio floreciente, como estaba ahí cerca del mar, optó por acercarse a la playa y cuando la observó, la película del pasado empezó a rodar en la sala del cine de su mente. “Esta fue la playa donde junto a mis amigos de la infancia, la pasamos feliz y como si hubiésemos encontrado el paraíso, pues por ser hijo del pueblo de la Tacarigua de Margarita, uno de los pueblos agrícolas de la isla, no contaba con una bahía donde los muchachos de aquella época pudieran bañarse y disfrutar las delicias del baño del mar”, se dijo el reportero.

Ahí mismo recordó que sus playas eran los pozos que estaban en los conucos y que se llenaban cuando un buen aguacero los ponía repletos de agua y ahí acudía toda la chiquillería del pueblo a bañarse en aquellas aguas marrones, sin importarle si estaban limpias o contaminadas, porque como no tenían otra alternativa, esa era su diversión y se imaginaban que estaban en la playa. Muchos fueron los que ahí aprendieron a nadar o a medio nadar en aquellas aguas que dejaba la lluvia a su paso en aquellos pozos, que cavaban los dueños de los conucos para tener agua para las vacas y regar cierto sembradío.

Pero ahora el periodista después de tantos años estaba ahí frente a la playa El Crespúsculo, esa misma que está al lado del muelle, que por lo que se ve ha perdido visitantes, pues antes los muchachos de Tacarigua, Santa Ana, El Maco y La Vecindad, se la pasaban ahí, por ser su playa preferida, por ser la más fácil de acceso y por la situación económica, que no dejaba alcanzar otros lugares. Sin embargo, unos se atrevían al llegar a Juangriego, donde los dejaba el carrito por puesto, tomaban rumbo a las playas la Galera y Playa Caribe.

Pero había que estar mosca a la hora de lanzarse al agua, pues al menor descuido, había ciertos zagaletones por ahí cerca que les revisaron el bolsillo de las ropas a los muchachos bañistas y ahí le robaban la moneda (un real) para regresar a Tacarigua, que era lo que costaba el pasaje, lo cual implicaba venirse a pie, conseguir cola o que alguien con más poder adquisitivo te prestara un real para venirse a Tacarigua. Una cosa triste, pero que pasaba, a pesar de aquellos tiempos que eran más sanos.

El periodista lanzó su mirada sobre la sabana del mar y más allá contempló el muelle, mar remozado que aquella época, cuando él asistía juntos a sus amiguitos a lanzarse desde la punta del atracadero, de chapuzón al agua, aunque quiere dejar claro que él nunca lo pudo hacer, pues no nadaba mucho y el miedo se le montaba en el hombro, por eso optaba por lanzarse de pie, nadar un poquito hasta una embarcación que estaba ahí anclada y por ahí volvía subir otra vez al embarcadero, mientras que otros más expertos nadadores, nadaban hasta  la orilla y luego subían al muelle y después caminaban hacia la punta de éste. Otros se la daban de pescadores, y se llevaban sus anzuelos y cerca de donde estaban anclados los barcos, lanzaban sus aperos de pesca para ver qué pescaban, lo cual, para su desgracia, no atrapaban ningún pez, lo que demostraba que el tacarigüero no es, ni nació para pescar, pues cada pueblo en Margarita tiene su oficio y la gente de Tacarigua de Margarita es agricultora por excelencia.

El reportero estando después en la orilla, recordó que esa playa la llamaban El Crespúsculo, tal vez por un negocio que antes existía ahí que tenía ese nombre o porque desde ahí se contempla unos de los espectáculos más sensacionales y de diversos colores, cuando el sol delira y en el horizonte anuncia su muerte con lágrimas doradas y destellantes, que se reflejan en la superficie del mar. Esa conjugación de azul y el color oro muestran lo grande de la naturaleza y de lo que es capaz de hacer para asombrar a propios y extraños con tan hermosos crespúsculos.

Pero ese día la playa lucía sola, porque no había casi visitantes, ahora, al parecer, los muchachos de los pueblos cercanos a Juangriego y que no son costeros, marchan a otros sitios o playas que están de moda y hasta presentan espectáculos, para llamar visitantes y eso es un imán para la gente y sobre todo para la juventud que al final es la que más disfruta esos eventos playeros y más aún si son en semana santa, cuando se presentan distintos actos con artistas nacionales e internacionales en las orillas de las más famosas playas.

“Sin embargo, dijo el periodista, con toda la fama que han adquirido otras playas en Margarita, que son muy visitadas y de paso que recorren el mundo, antes en postales, y ahora en videos, uno tiene que ser agradecido y más aún cuando vio aquella playa cerca y que pudo bañarse en ella por primera vez, tiene que sentir esa evocación marcada en letras imborrables en el cuaderno de su niñez, que al fin y al cabo son los recuerdos más bellos que uno tiene tatuado en la piel del corazón”

emigdio malaver
Emigdio Malaver G.
emalaverg@gmail.com - @Malavermillo
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